El Rincón del Abuelo: Aurelio y Presentación (Tadeos y Campiroles)

El Rincón del Abuelo: Aurelio y Presentación (Tadeos y Campiroles)

Por Flor Lahoz Castelló

Si alguien merece estar en el Rincón del Abuelo, por méritos propios, es esta pareja de abuelos (no mucho para la cuadrilla de hijos que tienen) y bisabuelos (dos biznietas): Aurelio Marco Tolosa y Presentación Lope Rubio (más conocida por Presen). Ella, pancrudina, con ascendencia pancrudina también, y él, aunque nacido en Lidón, vino a Pancrudo al acabar la guerra y ya no ha salido más. Aquí formó una familia y los dos siguen trabajando y viviendo en el pueblo todo el año. El tío Aurelio es quizá la persona que mejor conoce el término, pues se ha pateado, delante y detrás de sus ovejas, todos los rincones. Pero será mejor que los presentemos.

Tío Aurelio, ¿Dónde y cuándo nació?.

Nací en Lidón, la noche de la hoguera de Sta. Lucía, o sea el 12 de diciembre de 1917, mi padre era Antonio Marco Corbatón, natural de Lidón y mi madre Francisca Tolosa Viñado, de Corbatón, que era prima segunda de tu bisabuelo Miguel Tolosa Simón.

Éramos cuatro chicas y cuatro chicos, yo soy el quinto, a ver si me acuerdo y te los digo en orden:

Basilio, Encarnación, Tomasa (estas dos se casaron aquí en Pancrudo, Encarnación murió a últimos del año pasado con 96 años), Irene, yo, Blas (que vivió en Portalrubio muchos años), Vicente y Constancia. (Aunque la tía Presen le ha ayudado algo, le han salido todos los hermanos en orden).

Tía Presen, y usted, ¿cuándo y donde nació?.

Yo nací el 11 de julio de 1925, aquí en Pancrudo, en la casa que había en frente de casa el tío Victoriano Gómez, pegada a la que han comprado los valencianos, que ahora les queda como corral. En ese trocico de casa nacimos y nos criamos siete hermanos: Miguela, unos gemelos que murieron de muy poco tiempo, Consuelo (que se casó en Perales y ahora vive aquí con su hija), Máximo, yo, Ignacio (que también vivió muchos años en Pancrudo hasta que se fue a Alcañiz), Joaquín (que murió estando en la mili) y Azucena, que se fue a Alfambra.

Mi padre era Manuel Lope, de los Lope de aquí de Pancrudo, y mi madre Consuelo Rubio, de Lidón.

Tengo una curiosidad: los motes que tienen, “Tadeos” y “Campiroles”, ¿de dónde vienen?.

Muy sencillo – dice el tío Aurelio, después de soltar un buen taco – porque mi abuelo, el de Lidón, se llamaba Tadeo, y a mí estuvieron a punto de ponerme ese nombre, hasta que no llegaron a la iglesia y alguien le dijo a mi tío que cómo se le ocurría ponerme Tadeo… Nadie sabía cómo me iba a llamar. Me pusieron Aurelio.

A nosotros – dice la tía Presen – nos dicen Campiroles porque al ser mi madre de Lidón, que pertenece al Campo Visiedo, decían: “la Consuelo del Campo, la del Campo” y quedó en “Campiroles”. (Su hijo Antonio, que estaba cuando les hice la entrevista, se enteró de por qué les llamaban así, cuando él creía que era un mote).

Curiosidad resuelta. Vamos a hablar de cuando eran niños, ¿qué recuerdos tienen?

Yo, poco tiempo fui niño, a los 8 años ya iba de pastor, hasta que se me llevaron a la guerra, así que no he sabido lo era ser niño ni jugar.

Yo jugaba con mis hermanos y amigas de aquí del pueblo, – dice Presen – a saltar con la cuerda, al teje,…. Pero de muy pequeña ya que, antes de los 9 años, se me llevaron a Cosa, a casa de Sixto Sancho y allí trabajé y me crié hasta que volví a Pancrudo, cuando terminó la guerra. Al poco tiempo nos casamos.

Entonces cuando la guerra, ¿usted estuvo en Cosa?

Claro, fíjate, yo era bien cría y tenía que hacer la comida para los peones, sabes, los que venían a segar. Un día me mandaron a hacerles el almuerzo y les hice patatas y coles. La dueña me dijo: “Pero cómo se te ocurre hacer eso para almorzar, eso se hace para comer, pero no para almorzar” y yo qué me sabía si era una niña. Estando allí vinieron los del otro bando y a uno que era joven se lo llevaron a la guerra, ellos estaban en un bando y su familia en el otro.

En la guerra se pasan muchas penas.

Y usted, tío Aurelio, ¿cuándo se fue a la guerra?

Cuando empezó la guerra, a mi aún no me habían llamado a filas y nadie me dijo nada. Pero al año siguiente empezaron a venir muchas tropas por Lidón y a llamar gente. Ya no quedaba nadie por allí y nos obligaron a ir al frente con los “rojos”. Nos llevaron primero a Alcañiz y allí estuvimos mucho tiempo hasta que juntaron una treintena y nos llevaron a la zona de Castellón, a la Vall d’Uxó, allí pasé toda la guerra. Me pusieron de camillero, pero allí jaleo fuerte no hubo. Sí, algún cañonazo y eso sí que tiraban, pero al principio se estaba tranquilo y no hacíamos más que vaguear por el pueblo. Cuando llegué me dijeron: “Tú, de camillero”, y yo dije: “Mire que yo me aflijo mucho si veo alguien herido o con dolor”. El sargento me dio un golpetón así, en el hombro, y me dice: “Nada, tú, de momento, dos meses a recoger a los heridos y a los muertos”. Por suerte nunca tuve que recoger a un muerto. Heridos sí, los llevábamos hasta la ambulancia y allí ya se encargaban otros. Una vez tuvimos que llevar a uno que no podía andar hasta el pueblo. Allí estaba la caballería y nos echamos a dormir en un pesebre, cuando vinieron con los mulos y nos vieron se fueron a otra cuadra y nos dejaron tranquilos. Nos quedamos hasta el día siguiente.

Al final las cosas no iban tan bien y nos tocaba hacer alguna guardia. La comida ya era escasa, nos daban un plato de garbanzos para todo el día (que en ese pueblo había muchos garbanzos) y el chusco de pan. Ése no nos faltó nunca, que en otras zonas no tenían ni eso; en varios meses no nos dieron otra cosa.

Cuando faltaba poco para acabar todo, nos llevaron a Extremadura y al poco tiempo otra vez a la Vall d’Uxó hasta que nos dijeron que la guerra había acabado pero no nos podíamos ir hasta que no tuviéramos papeles. Así que nos llevaron a un pueblo cercano, La Pinilla creo que se llamaba, y nos encerraron en un cercado. Todos los días pasaban lista y había uno que no salía, hasta que por fin lo cogieron y es que había matado a alguien y por eso se escondía.

Estando allí, un día vino tu tío Pepe que se llevó a unos cuantos de esta zona. Sólo con decir que los conocía y que respondía por ellos ya estaba. Cuando me enteré aún corrí a ver si los veía pero ya se habían ido, así que tuve que esperar algo más hasta que me dieron los papeles y pudimos llegar a Teruel. De allí, andando, andando, pues ni pasaban camiones ni nada, a Lidón.

¿Y entonces ya se quedó tranquilo?

¡Que va!. Al poco de llegar, llamaron a mi quinta a la mili, con Franco, y tuve que estar dos años trabajando en las minas de Portalrubio, que servía como si estuvieras en la mili. Nos pagaban unas 15 pesetas al día y se trabajaba mucho, a turnos. Yo estaba de patrona en una casa de Portalrubio, que tenía que pagar, claro, y los sábados y domingos, cuando tenía fiesta, andando monte adelante, por la Caña Carrascal, hasta Lidón para ayudar algo en casa. A veces terminábamos el turno a las doce de la noche y chino, chano, chino, chano al amanecer en Lidón. Así, hasta que ya me licenciaron y vine a Pancrudo, de pastor, a casa del tío Serafín Sancho, por el año 41 me parece que era. Y ya no me he vuelto a marchar.

Y entonces es cuando conoció a la tía Presen y se casaron.

No, ya la conocía porque venía alguna vez a Lidón, y aun tardamos unos años a casarnos; ella era muy joven. Nos casamos en el 48 – sigue la tía Presen -. Nos casamos en julio y fuimos de viaje de novios a Teruel (los dos a la vez) – al parador de Utrillas -. El tío Aurelio, dice: pero sólo dos días, porque era el tiempo de la cosecha y había que venir a segar.

Bueno, pero en este tiempo hasta que se casaron, que eran jóvenes, ¿cómo se divertían aquí en Pancrudo?

Pues, los domingos, íbamos al baile a casa de la tía Roca, que tenía café y tocaban la guitarra el tío albañil, José Lor, el tío Valero… Y luego para las fiestas, sobre todo a Los Santos, ya que en invierno no había tanta faena, nos hacíamos alguna merienda con los amigos y así pasábamos el tiempo.

Cuando nos casamos (prosigue la tía Presen), fuimos a vivir a la casa que está encima de la tuya, la que tiene ahora José, el padre de mi nuera. El tío Aurelio de pastor, y yo a criar algún conejo en casa y los hijos que empezaron a venir. La primera Francisca, al año de casarnos, luego Joaquín, que murió de pequeñico al caerse de una burra. Ves, siempre dicen que los chicos son de goma y no les pasa nada, pero se dio en la cabeza y murió a consecuencias del golpe. A lo mejor hoy en día, que hay más adelantos se podía haber salvado. Luego yo quería una chica, que siempre me han gustado mucho y todo era venir chicos: Aurelio, Enrique, José Luis, Antonio, Joaquín (le pusimos otra vez, como a mi hermano) y ya cuando pensábamos que no venían más, con 42 años que yo tenía, vino Vicente. Siete chicos en total y Francisca.

José Luis también murió muy joven, se fue, con Aurelio y Enrique a trabajar a Alcañiz a un restaurante, y se ahogó en un accidente en la Estanca. Y Aurelio hace dos años también murió, después de una larga y dolorosa enfermedad. (Se ponen muy tristes los dos al recordar todo esto).

Vale, vamos a dejar los momentos malos y pensar en los que están aquí; que tienen un nuevo nieto, Enrique, que pronto hará los dos años, que la biznieta tomará la comunión este año, que la otra está ya muy maja, que a lo mejor alguno de los solteros se casa…vete a saber.

No lo sé si será verdad – dice la tía Presen -. Antonio y Vicente trabajan en Teruel y aquí, y Enrique y Joaquín aquí todo el año. Y nosotros ya estamos viejos y nos arreglamos como podemos. Francisca viene todas las semanas y me hace las cosas. Los chicos echan una mano en lo que pueden y así vamos tirando.

Ahora han obrado aquí en casa: me han hecho una cocina nueva, han picado y reforzado la pared del pasillo, que se metía mucha humedad, y cuando esté seca vendrá Francisca y la pintará.


Pero, según tengo entendido, el tío Aurelio aún sigue arreglando a los corderos en casa y eso que se supone que ya está jubilado, pero genio y figura…¿no es verdad?.

(Su hijo Antonio me dice que saca 100 corderos cada año, que arrastrando como puede, les echa la paja y hasta hace poco, el agua con el caldero, ahora han puesto un bebedero con grifo y es más fácil)

¿Y qué voy a hacer? No he hecho otra cosa en toda mi vida. En casa de los serafines he estado más de 31 años, 4 años para los conejeros, 3 años en casa de tu padre y luego, otra vez con Julián hasta que me jubilé. Que con unas 40 ovejas que yo tenía empezamos el atajo, y ahora hay unas 600 ovejas y los corderos que tenemos aquí arriba.

¿Qué hay que hacer para ser un buen pastor?

Para ser pastor hay que tener mucho cuidado y mucha paciencia con los animales, y tener un buen atajo de ovejas, con poquicas no se hace nada. Hay que sacarlas a buscar donde hay comida y tener cuidado que no se metan a campo de otro. Un buen perro es de mucha ayuda (aquí su hijo Antonio le dice que me cuente lo que pasó una vez con una perra que se llamaba Blanca). Pues que era una perra muy buena, cogía muchas liebres y no tengas cuidao que no dejaba entrar a las ovejas a ningún sembrao, ya podías estar tranquilo. Pero era vieja ya y vino un carnicero, de ahí de la Tierra Baja era, y me la cambió por un radio casete, que fue el primero que tuvimos en casa. Más de 20 perros para el ganao habré tenido; pero claro, para un pastor el perro es esencial.

Cuando paren las ovejas hay que traer los cordericos a casa con cuidado, hasta cinco y seis he traído yo en un día: a las costillas, en las alforjas…

En invierno, si nieva y no se pueden sacar, hay que echarles de comer, las ovejas comen piprigallo y cebada. Sí, tienes razón, antes les echábamos remolacha y a veces patatas, y hasta naranjas en tu casa alguna vez. Pero ahora ya no hay de eso; a los corderos se les echa granulo.

¿Otras faenas dices? Esquilarlas cuando viene el tiempo bueno, escodar a las corderas que se quedan en casa, eso es, sobre los tres meses. Se les corta la cola, para que no les moleste.

Claro que nos comemos las colas, pues están poco buenas – interviene Presen – mira yo las hago unas veces con cebolla y tomate, bien friticas; otras veces con un puñado de arroz. Primero se les esquila la lana, luego se socarran, se lavan bien lavadas y se guardan en la nevera para hacerlas cuando se quiera.

¿Qué peso tiene un cordero cuando se vende?.

Para que sea bueno los 25 kilos, en tres o cuatro meses se ponen en ese peso y se venden. Ahora vienen aquí a por ellos. Nosotros los vendemos a uno que le dicen el “Andorrano”. Cuando están preparados se llama, vienen, cargan y se van. Hombre claro que pagan, faltaría más. Pero claro que matamos para casa más de uno, no como antes, que íbamos “a coste de perras”, esto es, que se vendía para pagar los gastos y no se mataba para la casa ninguno, ahora es diferente, no hay tanta necesidad.

Antes el amo me daba también la comida, no venía nadie a traérmela. ¡Qué dices! En los panes aquellos redondos, ¿recuerdas? Te metían una tortilla, una tajada o dos, a veces de la conserva, otras del tocinico, aquel que estaba tan bueno. Se untaba todo el pan y no sabes lo rico que estaba todo. Los muchachos, cuando llegaban a casa, iban a buscar el saco de la merienda a ver si había quedado algo. Ahora no quieren tocino; ya ni se crían cerdos en casa. Todo se compra, se desayuna magdalenas, no se almuerza. ¡Con lo buenas que estaban las gachas!…

Y me imagino que las setas y las berzas también estarían buenas ¿no?. Y no se si habrá alguien en Pancrudo que sepa más que usted donde están los mejores tajos.

Claro que lo sé, no ves que siempre he estado por el monte. Buenos cestos de hongos he cogido, pero hay que cogerlos por la mañanica, antes que salgan todos. Si no luego hay muchos buscadores y ya no se encuentran. La tía Presen nos dice como los hace – como mejor están es con un chorrico de aceite y sal, se ponen en una llanda al fuego y están muy buenos; si quieres se les echa unos ajicos y perejil -.

Saben que este año celebramos el décimo aniversario de la Asociación Cultural “El Calabozo”. ¿Qué les parece de las actividades que se llevan a cabo?

Pues, aunque nosotros no participamos mucho porque somos ya mayores, el pueblo está más animado y se han hecho muchas cosas buenas. Que hay muchos que trabajan mucho para los demás y que sigáis así muchos años.

Pues no me queda más que darles las gracias por contarme todo. Y a Enrique, que como también es un poco del Zaragoza, le perdonamos que sea forofo del Madrid.